martes, 20 de noviembre de 2012

Frank y las uñas (última entrega)


Todo lo que hice durante mucho tiempo, al menos de lo que me acuerdo con más precisión y viveza, fue cortar las uñas a los peques. Me gustaba porque sabía que lo hacía bien. El cortaúñas, los deditos, clac, clac, clac, clac, clac; la otra mano; los pies. Sobre esa acción tenía la total certeza de que lo hacía bien. Luego se esfumó la posibilidad. Nos quedamos suspendidos en las llamadas, las visitas, en la narración de los hechos. Luego todo fue una puta mierda. La gente me dice: no, Frank, ahora estás bien; no, Frank, yo te veo muy bien ahora. Y una polla.
De hecho puede ser que esto sea lo último que haya escrito para este blog. Aún no he recibido ni un solo ingreso en la cuenta que di al cretino de las zapatillas. Tiraré las claves a la basura, para no caer en la tentación de volver por aquí.
Frank.

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