domingo, 23 de octubre de 2011

los muertos a nuestro lado

me quedé muy cabreado con una música y me puse una camiseta equivocada. creí que aquello sólo se podía hacer una vez y me cabreó el matiz de cómo lo arropaba esa música. por la tarde murió antoñete. chenel. en una celebración de cumpleaños cenamos un falso tomate cherry. en realidad era un pimiento de piquillo que envolvía queso y anchoa y que tenía una base de mole mexicano. hablamos mucho. en el final hubo un trago de oporto y un regalo. confeti por la mañana y luego murió simoncelli. un periodista italiano, amigo del piloto, con los trastos del micro inalámbrico, sudando, miró a cámara y dijo: marco é morto. pero esa tarde se sucedieron los goles. llamé a casa. recordé las risas de mediodía con un error que seguro hizo removerse a un ejecutivo en chandal. luego leí "pronto y en la mano". se lo leí a juan del val y a zabala de la serna. a éste le leí: nos enseño las distancias, su uso, su provecho y su inercia, la sabiduría de los terrenos y la colocación para suplir las facultades que el tabaco había ennegrecido. juan me escribió: yo estoy enfermo del toreo por su culpa, especialmente. pensé que a los muertos hay que acompañarlos escribiendo lo que nos dieron, haciéndolo saber. entonces se hizo de noche y volví a casa recordando que el viernes me lo había pasado entre lágrimas, emocionado con media docena de testimonios de gente que recordaba a sus muertos. y la alegría infinita de una victoria de la gente normal, común, la de todos los días. recordé también que en el cajón tenía guardado el discurso de cohen y los seis acordes y me dije: mañana preguntaré qué tal ha pasado el fin de semana ese chavalito de nueve años con un linfoma. estamos rodeados de muerte. acechados siempre. en convivencia. seguimos. lunes. venga, dale.

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