sábado, 27 de agosto de 2022

Las siete. Son las siete

I. He venido del aeropuerto escuchando a Leyva a todo trapo. Sin poder oír mi propia voz. Estaba aprovechando esa hora de la mañana, en Agosto, en la que las autopistas de Madrid están vacías. Cuatro carriles recién asfaltados. El día rompiendo. Al salir de casa había escuchado voces cantando en una casa cercana, una fiesta alargada hasta las seis de la mañana. En el coche conté a mi hija que anoche me saltó en Youtube la actuación de Beyoncé en el Hall of Fame Induction de Tina Turner. Nadie tiene la fuerza de Tina Turner en el escenario. 

II. El churrero cortaba las porras con longitud distinta. Si pides dos tal vez reconozcas una y media. Y si sólo pides una te pueden parecer dos. No sé qué tipo de revancha es ésa. 

III: Tuve que apartarme más en la barra porque me moría de ganas por sentarme en una mesa para ver cuál era el problema. Una chica le estaba cantando las cuarenta a dos tipos. Los estaba poniendo firmes. "Yo leo los labios", decía; "a mí no me engañas tú, porque me he dado cuenta [...] me váis a comer el coño los dos, vale? a mí no me engañas!" Era tan fuerte la charla que les estaba pegando que todos fingíamos no atender. Pero a mi me habría gustado sentarme con ellos a escuchar. A las siete de la mañana, la gente que ha pasado la noche despierta, no sabe que son las siete de la mañana.

domingo, 3 de octubre de 2021

Piedra sobre piedra

 Piedra sobre piedra. Bob Dylan don’t ever take yourself away. El sueño de permanencia. De pertenencia. De los comienzos. En la tumba de mi padre sólo hay piedra sobre piedra, los tres nombres alineados, la cruz fina de hierro. El negro sobre el granito y nada más. La vida le hizo comprar esa tumba con veintipocos y fue metiendo ahí su sangre y su rabia. Hacía mucho que no venía y está como siempre. Austero, sencillo, contundente. Joder! Lo escribo en la puerta. Llueve. 

martes, 14 de septiembre de 2021

una puta mierda nada

 mi madre dijo: ya está. tenía su mano cogida. lo sintió. volvimos las miradas a él. estaba dejando de respirar. estaba muriendo. cogí su otra mano. se estaba quedando fría. dejó de mover la boca. quedó quieto. mi padre. quieto. mi madre comenzó a llorar. yo también, pero recuerdo que empecé a respirar más fuerte, a coger más aire; el que mi padre ya no podía coger. lo sé ahora. me estoy dando cuenta mientras lo escribo. ahora entiendo por qué empecé a respirar más fuerte. por momentos aguantaba las lágrimas y por momentos las dejaba salir. mi hermana pequeña estaba de camino. entró en ese momento. le dije: dale un beso, se está muriendo ahora. me aparté para dejar mi sitio. subió mi mujer. llegó mi otra hermana, mi hermano. todos en la habitación. todos allí metidos. y mi padre quieto. decidí seguir aquella idea de no despedirme de él, así que no le dije nada. le besé en la frente y recordé la frente fría de mis abuelos. llegó todo el lío de la ropa, de sacarle, del funeral, de los papeles, de las llamadas. algunas las hice yo. otras las dejé pasar. tengo grabada a fuego la imagen de su amigo entrando en el tanatorio. john wayne con los pies pesados pero la línea firme, john wayne con un polo verde y pantalón arena. sólo queda él ya. nos dimos un abrazo y me puse a llorar y me di cuenta de que era injusto que yo le estuviese cargando aún más la pena. y le dije algo pero no podía hablar y me callé. llegaron sus hermanos, llegó la gente. y él estaba quieto entre flores con un jersey azul, camisa de cuadritos y un pantalón negro de los que pican. después de la misa hablé para agradecer a la gente que hubiese venido pero en realidad lo hice para que se quedasen en el aire ciertas cosas dichas. luego me dijeron que no se me había entendido nada entre la mascarilla y el eco de la iglesia. pasó igual que aquella vez que le escribí en un cuaderno su último viaje como mecánico de vuelo. me dijo que le había gustado mucho pero que no entendía mi letra. todo ha sido tropezar con mi padre. incluso en los momentos en los que los dos decidíamos estar bien, disfrutar de alguna situación... siempre mi mirada le abría la herida y entonces yo la apartaba y así hemos estado toda la vida, intentando que el río de sangre no se acelerase. de pequeño siempre le preguntaba adónde iba y cuándo volvía. y casi siempre me parecía mucho tiempo fuera. mucho tiempo. a ver ahora. a ver qué pasa con este viaje, porque en el calendario no pone nada. nada. una puta mierda nada.

martes, 10 de agosto de 2021

vamos, papá

 I. está en silla de ruedas. come sandía. te invito, la ha traído mamá. el viento hoy no es demasiado pesado, ni muy caliente, como días atrás. hubo un día que la doctora dijo: no le funciona nada; si tiene un contratiempo más lo dejaremos. hubo un día que le dije a mis hermanos que no iba a salir del hospital. y que teníamos que estar tranquilos. está en silla de ruedas. se levanta con ayuda. está pelao. pero siempre le gustó cortarse el pelo como si estuviese en el ejército. siempre valoró la disciplina. mi padre. ahora vuelven las palabras, las frases de ida y vuelta. hubo un momento en que sólo existía una dirección. no sabemos qué pasará. salvó una bola de partido y ahora miramos atónitos e incrédulos porque está en plena remontada. vamos, papá!

domingo, 11 de julio de 2021

el motor

I. pasadas las 11 y media estaba empezando a apretar el calor. escuché el zambullido de alguien en la piscina y eso rompió la banda sonora de chicharras que ponían el partido de dobles en el limbo. me pareció que era una estampa de verano incontestable. como en "némesis". entonces llegó ese saque desde la estratosfera. intenté fijar la vista en la bola y cuando quise poner la raqueta delante fallé. ace.

II. mañana iré a ver a mi padre. salvó bola de partido. no sé cómo está. hoy apenas pude decirle que mañana iría. está en planta y a mi me cumplen 12 días de la vacuna contra el covid. todos tenemos nuestra parte hecha, digamos. la visita de mañana no es una concesión del médico para que nos despidamos.

III. a mi padre le gustaban los motores. mi abuelo me contó que un día le dijo: no, yo no quiero trabajar con los aviones, yo quiero ir dentro. y comenzó a perseguir ese asiento, detrás del segundo piloto, frente al panel de relojes. para alargar la vida del motor no hat que forzarlo, hay que llevarlo suave. él nunca forzó el suyo.


viernes, 25 de junio de 2021

como no puedo verle, escribo

 un día me dijo que en la vida hay que anticipar. me lo dijo en el metro de madrid. antes de que llegue a la estación ya tienes que ir hacia la puerta, para que luego no haya problemas. para él las prisas eran problemas. mi madre me dijo que en la mesa donde tiene sus cosas había dejado bien a la vista una carpeta que ponía: papeles del cementerio. era tan sencillo como eso. la anticipación. 

también decía mucho lo de ser un tío cojonudo. hay que ser un tío cojonudo. hubo un tiempo en que tener el pelo largo descartaba cualquier posibilidad de serlo, pero ahora sí podemos definir qué convertía a alguien en un tío cojonudo: la honestidad. ser honesto te hace leal, ser honesto te convierte en alguien directo. tan sencillo como eso. las injusticias, los adelantamientos por la derecha, las pillerías, le podían dejar fuera de juego durante horas y días. a veces, épocas. el órden. las cosas en su sitio, la dedicación, el estudio, el esfuerzo. todo eso ayudaba a ser un tío cojonudo. por descontado él era un tío cojonudo. 

a mi padre se le acabó el trabajo de manera inopinada. ¿cómo era posible? el tío que miraba y vigilaba y comprobaba que todos los sistemas del avión funcionaban antes y durante el vuelo. el tipo que cantaba la operativa de despegue y aterrizaje, que pasaba las horas en comprobaciones y anotaciones. a mí eso me parecía tan trascendente que no veía la manera de que pudiesen prescindir de semejante puesto. el antecedente del "radio" no contaba. las comunicaciones pasó a llevarlas el segundo piloto en el comienzo de los años 80. supongo que fue entonces porque yo tendría 10 años y eso cuadra. pero igual fue antes. da igual. que pasaran de cuatro a tres tripulantes en la cabina no era trascendente aunque eso dejaba a mi padre y sus amigos como los terceros de tres. pero aún no se veía venir que un ordenador pudiera hacer esas tareas. llegó justo a la jubilación. le dije: qué vas a hacer? no recuerdo la respuesta exacta, claro, pero más o menos sería: estar tranquilo en casa. 

tranquilo. esa es otra palabra. tranquilo. cualquier alteración de la tranquilidad eran complicaciones y por tanto posibilidad de crisis. tranquilo era una mezcla de placidez absoluta con el no hacer gran cosa y una demanda sobreentendida que se enuncia de la siguiente manera: no me toquéis los cojones. aunque nunca se lo oí decir a mi padre. pero yo sabía que su felicidad dependía en gran parte de eso. en eso sí fui buen hijo. las putadas que le hice sobrepasaban el tocar los cojones. eran putadas para dejar de hablarme. en nuestro universo nunca hablamos. eso lo sabe él y lo sé yo. él no hablaba porque no se atrevía, o no podía... y yo no hablaba porque sabía que eso se acercaba mucho a tocarle los cojones. habríamos necesitado una terapia de pareja mi padre y yo. pero esto se me está ocurriendo ahora. y habría roto su tranquilidad. ya escribí que mi padre tenía dentro un río abierto hasta 1970.


miércoles, 23 de junio de 2021

Mi padre

 Mi padre se está muriendo y no sé quién es mi padre. Me sé yo como hijo pero no a él como padre. Padre es ser mucho, sobre todo si has tenido cuatro hijos, si la vida te ha golpeado duro y si de una roca se hizo un muro. Cómo saber quién es tu padre? La última vez hablamos de mis hijos, de mi trabajo y de que no se estaba perdiendo nada en esta Eurocopa. Hablamos del nivel de oxígeno en sangre, del cáncer, y de que no hablara más porque se fatigaba. Hablamos de las enfermeras. Las enfermeras entraban y hablaban, le llamaban "cariño", le recordaban de dónde eran, cómo se llamaban. Mi padre, la última vez, miraba hacia adelante y sonreía. Estaba contento. Decía: cuando salga de aquí a ver si me llevan ya a lo de la sangre... porque no me han dicho nada, no sé... y ponía cara de a mí nunca me ha pasado esto. Yo es que nunca he estado aquí. Le seguí: no, para ser la primera vez has entrado por todo lo alto, te han puesto todos los cables y todas las máquinas, papá! Las tienes todas, R! dijo la enfermera. Mi padre rió y le bajó el oxígeno. 

Y cómo era antes de todo esto? La última vez antes de esto mi padre estaba blandito, suave, tierno. Saludaba con ternura, pero no era raro que en la comida, o en la cena, ante una frase le saliera la rabia. La rabia de 1970. Esa rabia fue un río siempre dentro de mi padre y creo que nadie supo reconducirlo, ni vaciarlo, ni taparlo. O tal vez ese fuera el problema: intentar tapar el río de sangre. Aquí vengo yo ahora. Yo soy parte de ese río y por decirlo rápido no creo haber sido un buen hijo. Y eso le salía a mi padre últimamente. O siempre. Siempre podía haber un coletazo de ira. Un hostión verbal. Mi padre era un tío tan sencillo que nunca discutía. Era sí o no. 

Mañana voy a verle. Está sedado. Y he decidido que no me voy a despedir. Igual que la última vez, despierto, jodido, reventado por dentro, hablamos como si nada, creo que mañana le voy a dejar conmigo. Tal vez lo merezcamos los dos.