domingo, 14 de junio de 2026

otra de tenis

 cuando cambié de lado en la pista vi que toda la línea de fondo estaba machacada. mucho más que en el otro lado. las pisadas, las bolas, las lluvias, las horas de juego; todo hace que la línea de fondo vaya quedando un poco más elevada que la propia pista. en realidad es el suelo lo que se hunde. a mi me gusta caminar por la pista fijándome en las irregularidades. a veces la tierra está bien distribuida, a veces hay calvas y asoma una especie de hormigón base. lo miro porque ahí es donde bota la bola, donde todo puede cambiar drásticamente.  ya has visto cómo viene: la velocidad, la dirección, la parábola... sí, pero aún debe botar. y va a ser de manera irregular. es la antesala del fracaso. cuando vi todo aquel desastre en el fondo, baches de hormigón, piedrecitas sobresaliendo... dije: joder, cómo voy a jugar aquí! habrá que seguir destrozando esto. recordé que ya había perdido mi saque y que la mañana se iba a complicar.

en la pista de al lado uno de los cuatro septuagenarios repasaba con una escoba todas las líneas, buscaba entre la tierra la loseta blanca, y cepillaba hasta hacerla relucir. esos partidos se juegan durante horas, con los cuatro ocupando posicionalmente toda la superficie que pueden. saben que casi no se moverán y que más vale tener una estrategia mental de ocupación. la bola debe completar una trayectoria que sea abarcada por sus raquetas. y si toca línea debe estar clara la marca porque los cuatro acudirán a una deliberación larga. un día el partido era mixto, y una de las señoras, mientras su compañero repasaba las líneas dijo: no ha barrido nada en su vida y mírale ahora, con la escoba en la mano.

debo ir a infiltrarme otra vez. la espalda se ha comido ya todo el analgésico que le metieron hace 10 meses.